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MACHARAVIAYA ENCUENTROS

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Bajo la denominación “Macharaviaya Encuentros”, el municipio de Macharaviaya inició el pasado día 23 de julio una nueva iniciativa surgida de la colaboración entre vecinos y el Ayuntamiento y que pretende servir como promoción y dinamización local mediante la exposición y venta de artículos y productos elaborados de forma artesanal, ya  sean objetos de regalo o hasta la propia gastronomía local. Hubo más de treinta stands.

 

Amenizado por verdiales, se dieron cita innumerables visitantes que disfrutaron del buen clima, de los platos típicos, de regalos originales, de música y del sentimiento de un pueblo que comparte su entorno, historia y cultura con sus visitantes.

El Alcalde dio la bienvenida a todos los asistentes destacando el legado enriquecedor de los ilustres antecesores que nos precedieron y el prometedor papel de los que continúan escribiendo la historia del pueblo, además agradeció la labor de todos para la consecución del éxito de este primer encuentro.

 

 

Este primer encuentro estuvo apadrinado por: Manuel Alcántara, Teodoro León y Salvador Moreno Peralta que hizo una bonita presentación del evento ante la audiencia, discurso que transcribimos a continuación:


Macharaviaya, Primer Encuentro

En el mundo que nos rodea podemos encontrar lugares agrestes, abruptos, perturbadores, contrarios a los anhelos de la condición humana. Suelen estar en las grandes ciudades, en ambientes creados por la irracionalidad y la ambición, allí donde el paisaje y la geografía urbana deja de ser un valor de uso para devenir un valor de cambio según la ley del máximo beneficio. Lugares donde todo rastro de belleza ha sido deliberadamente borrado, de forma que la indignidad del medio acaba por provocar la indignidad del individuo.

 

Existen también lugares hermosos, naturales o artificiales, en los que podemos sentimos en concordancia con la naturaleza y con nosotros mismos. Es cuando descubrimos que la belleza estaba grabada en el corazón humano al nacer, el cual resuena jubiloso cuando se la vuelve a encontrar, como un pequeño trozo de paraíso perdido, ya sea en un prado, en una montaña, en un acantilado sobre el mar, en un parque, en un jardín o en la inmensidad secreta de un patio.

 

Pero existe un tercer tipo de lugares especiales, unos lugares mágicos en los que el cielo y la tierra parecen tocarse la punta de los dedos, como Dios y Adán en la Capilla Sixtina. Son lugares hermosos en los que sentimos la presencia de algo más, que se resiste a ser definido. Lugares en los que la belleza de la geografía manifiesta el leve rehílo, el ligero estremecimiento que produce en el espíritu sensible la presencia de la historia. La Historia, ésa que está en los libros y esa otra que se prolonga en la lectura personal que de ella hacemos. Pero sobre todo esa otra que surge de la lectura de los

lugares realizada con los ojos del sentimiento y de la piel. Como la lectura de este arroyo de casas blancas que parece nacer en Benaque para brincar por los saltos de Macharaviaya y desembocar allá lejos en las costas de Vélez. Cuando a uno se le aparece este pueblo a la vuelta de un recodo del camino, la amplitud de este valle axárquico, con el tono verdicárdeno de sus colinas, viñedos, huertas y terrazas al atardecer, nos cuenta resignadas historias mudéjares y bravías crónicas moriscas. Pero cuando uno entra en él, embocando la calle del Real desde la del Calvario, enseguida se da cuenta de que ha ingresado en el planeta Gálvez- casa, cripta, Iglesia parroquial de San Jacinto, fuente, humilladero, Real Fábrica de naipes...- y la memoria de estos patricios ilustrados- José, Matías, Antonio, Miguel y Bernardo, sin olvidar a esa valiente y delicada mujer que fue la sobrina Rosa- te lleva en un viaje de vértigo a lejanos confines del espacio y del tiempo con la irresistible atracción que siempre ejercen los personajes que en esos lugares y en esos momentos han protagonizado la Historia. Los

Gálvez te llevan a Málaga, a Guatemala, a Nueva España, a Mobile, a Pensacola, a Nueva Orleáns, a Luisiana, al Missisipi, a Galveston… y también te llevan a ese momento crucial en el que las ideas de la Ilustración introducen la Edad moderna en la historia del mundo, contribuyendo a la independencia de un país que acabaría siendo el más poderoso de la tierra y que nació encarnando las ideas de la razón, de la Enciclopedia y la libertad del espíritu humano.

 

Pero yo creo también que la memoria de los Gálvez crea un caparazón, una atmósfera invisible que protege a este lugar, que lo defiende de tantos bárbaros que han humillado y arruinado para siempre lo mejor de nuestros territorios. Hay algo imperceptiblemente sagrado en estos parajes que nos impulsa a tratarlo con respeto, con una admiración discreta, algo que nos mueve a disfrutarlo apaciblemente, a desplegar una creatividad que creíamos escondida y que, una vez saboreada, nos sentimos obligados a compartir, a pregonar. Quizás sea, simplemente, el efecto mágico de la belleza que hablábamos al principio. La belleza, como la felicidad, es contagiosa y expansiva, ambas se han hecho para contarlas, para compartirlas. El que es feliz y no lo dice probablemente sea un malvado. Pues por eso, como las cosas excelentes hay que contarlas y aquí lo que hay es gente de bien, cuatro vecinos de Macharaviaya por vocación, pasión y elección, cuatro entrañables gatos purificados por la atmósfera tonificante de este lugar y al amparo del invisible caparazón de los Gálvez, han decidido organizar, con el generoso patrocinio del Ayuntamiento, este Primer Encuentro que me honro en anunciar. Un encuentro que propicie el cambalache de los espíritus, que nos permita disfrutar de la música en vivo, de hablar entre nosotros y no a través de un móvil, de compartir el gazpachuelo, el ajoblanco, la sopa de maimones o lo que se tercie, de compartir nuestras ideas, nuestras aficiones literarias, de compartimos nosotros mismos… bueno, esto último dentro de un orden y sin pasarse.

 

Y me callo porque si sigo hablando acabaremos compartiendo solo el sueño. Que este Encuentro sea el cimiento de una tradición, un hito del verano macharatungo, un hito de la cultura, modesto y pequeño, una pequeña llamita, pero en todo caso una chispa de la cultura universal, abierta, ilustrada, jubilosa, creativa e incluyente. Que el caparazón de los Gálvez nos proteja, que nuestras autoridades lo patrocinen y que podamos disfrutarlo muchos años empezando por este mismo.

SALVADOR MORENO PERALTA.

 

Macharaviaya, 23 de Julio de 2011

 

 

SALVADOR MORENO PERALTA es malagueño, arquitecto y miembro de la Real Academia de San Telmo.  Graduado por la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en 1972, ha desarrollado su labor profesional principalmente en su ciudad natal, Málaga, donde ha construido, entre otros, la Facultad de Derecho, los Centros comerciales Larios y Málaga Nostrum. Es padre del cantautor Pablo Alborán.